A la misma hora de cada tarde, el perro cruza la acera y se sienta junto a la parada. Cuando el autobús dobla la esquina, mueve la cola y espera a que baje la niña con la que vuelve a casa.
La escena se ha hecho tan conocida en la zona que los vecinos le guardan golosinas. En redes, los comentarios repiten una misma idea: ojalá alguien nos esperara así al salir de clase.
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