¿Qué trajo en la maleta?
Un cuaderno con las recetas de mi abuela, escritas con su letra y sin una sola medida exacta. Todo era «un chin de esto» y «lo que te pida el caldero». Tardé años en lograr que me supieran igual.
¿Quién se sienta hoy a su mesa?
Vienen dominicanos que buscan el sabor de casa y vecinos que nunca han pisado el Caribe. Esa mezcla es lo que más me gusta del negocio.
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